Cae la lluvia

La lluvia cae
como queriendo inundar la existencia
de alguna nostalgia antigua,
tocando apenas con sus bordes
la profundidad de lo que desconoce.
Neblina.
Arropa en su frío incongruente
las desdichas de su olvido,
y entonces
sigue lloviendo,
y cae la lluvia
como queriendo dejar un testamento
sobre la mesa,
sin otro heredero que quien la contempla silente.
No hay palabra para vencer
la beldad invasora de su paso.
No hay palabra,
ni sueño,
ni equipaje:
solo lluvia
como queriendo inundar la existencia
de alguna nostalgia antigua.

Copyright, © 2011. Lic. José A. Grullón.

El sentimiento guía

Eliminamos las fronteras invisibles
y quedamos con el necio corazón
que busca a tientas razones irrisibles,
al gritar solamente: “¡Amor! ¡Amor!”
No, no hay otra posible razón.
Ha perdido el juicio, y de nada sirve
el consejo que le haga a él volver.
Si el sentimiento guía, la razón es chiste:
¡Tiempo perdido y lo has de saber!

Copyright ©, 2011. Lic. José A. Grullón.

Solo quiero tu misterio

Imagen de http://xarleen.files.wordpress.com/2007/07/mujer-transparente.jpg?w=225&h=166.

Si trémula trotabas como imitación del aire,
si en nubes indecentes tu calor me diste,
del jardín de tu pelo, las rosas que plantaste
me embriagaron con su aroma: ¡Existes!

En la ausencia de razones, abundó el latido
y la gracia que me impartes cuando estás presente,
pues se encogen los dolores cuando estás conmigo,
y los regios corazones se enamoran siempre.

Se unen almas cual palomas; bajo el sol, un beso,
y en la noche, las palabras, la guitarra y un fuego;
las canciones que surgían inspiradas en la musa:
la mujer que está abrazada a mi mente todo el tiempo.

No dar más que lo presente para estar contigo.
No ser más que algo etéreo para ser inerte.
No ver más que tu sonrisa y tus ojos clandestinos.
No saber, sino el misterio de tu amor que no me miente.

Copyright ©, 2010. Lic. José A. Grullón.

Verbos y adulación

La mañana y la tarde fueron espuma inocua, inerme e indefensa. Tiempos donde no pudo existir el derecho. Todo era paz inmerecida, sin haber sido ganada con el sonido del acero al chocar las hojas de las espadas una con otra, ni haber sido fruto de la sangre derramada en duelo a muerte, donde ni la inteligencia, el poder o el bravío dictarían sentencia de victoria, sino la destreza en el uso de las armas.

Esa calma se había prolongado más allá de lo que esperaba, a tal punto que ya le resultaba un estorbo odioso. Habíase acostumbrado a ser el destino de las muchas miradas, la adorada imagen de las gentes, y el centro de la atención y la adulación de los hombres. Cada paso que dio en su vida representó un paso en dirección a más gloria para sí, pero en ese momento, en esa calma que le arropaba y que parecía envolverle en la telaraña del olvido, y sumirle en el polvo de la indecisión, y derrotarle en las arenas de la iniciativa, era nada y era nadie.

No valió el tiempo pasado para inculcarle en su mente que era grande. De hecho, la mucha adulación solo pareció haber servido para inflar su ego, y ahora, al verse sin aquellas palabras malditas, resultó ser un muñeco de paja, fácilmente destrozado con la embestida del viento. Bien había sido dicho: “Hombre fácil a la adulación es hombre indefenso.” Con el tiempo, había probado la veracidad de aquello. ¡Horror de horrores! Permitir que su carácter fuese manchado con la podredumbre de la lisonja. Y solo ahora viene a darse cuenta de que, así como la tarde y la mañana, y la profunda calma que le agobia, son tan similares como el: espuma inocua, inerme, e indefensa. Paz inmerecida, traicionera. Hedor mortecino. La adulación fue el golpe que le hizo caer de su caballo. Ha muerto por la alabanza de los hombres. Esa no es paz de disfrute: es paz de muerte y reflexión inhumana. ¡Pobre de su mujer!

Hombre fácil a la adulación es hombre indefenso.

Antropofagia de la propia existencia

Leo para significar menos
De lo que en esencia soy,
Borrándose mi existencia;
Difuminándose mi voz,
En la suave incandescencia
De un irónico fulgor.

Muerte sideral.
Espanto y candor.
Envidia visceral
De un horror.
Solo humo,
Donde hubo resplandor.

Se ha comido hasta mis huesos;
Todo el ser me consumió.
Tierra, arena, madera, y fuego
Que ya se extinguió.
Leo para significar menos
De lo que en esencia soy.

(Copyright © 2011. Lic. José A. Grullón)

El mar tuvo la culpa

Foto del Mar Muerto. Original en http://saramistbixian.wordpress.com/2008/07/01/doing-the-dead-sea-float/.
El mar tuvo la culpa cuando murió la tarde en sus inquietos brazos. El sol se dejó caer lentamente sobre sus aguas, agitándose apenas mientras tragaban al astro rey. En ese momento, no pensaba más que en otro día. Sus penas se habían ahogado como se ahogó el sol en el mar, pero sus lágrimas no dejaron de correr por sus mejillas, huyendo del seno traicionero de sus ojos.

Le habían dicho que el mar era suficiente para pensar: que el contemplar el vaivén de las olas, o el continuo movimiento sin descanso sería la ironía que le traería paz y tranquilidad. Le habían dicho que en el mar quedaba las penas, y que las guardaba como tesoro para nunca traerlas a la luz, y que cada vez que llorara sus lágrimas quedarían en el mar. Le habían dicho que el mar era un amigo y un milagro. Le habían dicho todo eso: que todo eso era el mar.

Fue algo tarde cuando se dio cuenta de la realidad. El mar era sólo un escape temporal; una paz infundada; un oído sin consejos; un lamento sin respuesta. El mar tuvo la culpa cuando vio que, tras haberla escuchado, no dijo nada y calló, quedando su silencio como el inútil balbuceo de su propio pensar. Y poco después, tras haber hallado su calma deseada, cuando creyó que el mar le había respondido, cuando creyó que fue fiel a su palabra, también dijo que el mar tuvo la culpa cuando volvió a llorar.

 

Copyright, © 2010. Lic. José Alberto Grullón.

Elegante palabra

Elegante palabra,
moribunda,
aquejada de olvido y de penumbra,
¿quién te diera el renovar tu alma?

Meciendo la calma,
me amputa
nadando tan virgen, desnuda,
belleza intangible y tan rara.

Palabra.
Palabra es voz inmortal
combatiendo ese tiempo banal,
quedando así eternizada.

Queriendo ser ama,
se adueña,
haciendo una esclava su estela,
dueña solo de cuanto calla.

Elegante palabra,
tan pulcra
(y aún en su esencia, moribunda:
tal cual empezó, así acaba)…


Copyright, © 2010. Lic. José Alberto Grullón.


El café

Era su musa; su aliado; su inspiración. Su motivación por las mañanas cuando escaseaban las fuerzas. La sonrisa de un despertar cuando dormía la hoguera de sus intenciones. La legítima droga que acariciaba sus estímulos. El oscuro reflejo de nada. La breve gloria ennegrecida del alba. El inicio necesario. Casi parecía que se levantaba imponente sobre aquellas hojas, pisoteando toda información. Después de todo, el café sería clave para aquella jornada. Con él sería invencible en aquella gélida mañana. Sin él, no sería más que tiempo prohibido de su propio avance, impedido de lograr su cometido; tiempo que se va dejando atrás el mismo reflejo del café: nada.

Freddy Beras Goico. In Memoriam.


Tembló el corazón al caer tu estrella.
Tu blanca paloma al fin reposó.
Del cielo, cayendo lluvia ligera;
Lágrimas demuestran que el cielo lloró.

Al alma inmortal (a tu alma, Freddy Beras),
Que supo vehemente siempre luchar,
Que fue aquel ejemplo de entrega sincera,
El pueblo que amaste, la habrá de llorar.

Te fuiste dejando un ejemplo intachable;
Luchaste valiente hasta ponerse el sol.
No pudo detenerte la bala, ni el sable;
No pudo vencerte la corrupción.

Te vas, Freddy Beras; te vas y nos dejas
Ejemplo amoroso y digno de honor.
Te vas en noviembre; te vas y nos dejas
Por fuera, tu risa; por dentro, dolor.

Lic. José Alberto Grullón. Copyright © 2010.

Mares tensos

Lobreguez mortecina en tus mares;
Agitación tempestiva; mil clamores.
En tus olas se ahogan los cristales
De unos ojos que se apagan en la noche.

Abrazada a la altura de los números,
Ya perpleja con la acción de sus temores,
En pizarras níveas rauda escribe
Sus congojas, y sus penas… y dolores.

Con el ánimo en el suelo, doliente,
Va probando, de la vida, sinsabores.
El sepelio de las fuerzas en lo agreste
De una tarde, se celebra, con rumores.

Llega entonces al rescate por sus mares
Que, ya tensos, anunciando van la muerte,
Renaciendo una esperanza entre detalles,
Que (¡por fin!) acabarán este destemple.

¡Mar inquieto! ¡Tan oscuro! ¡Tan bravío!
¡Será nada al despertar sol refulgente!
Serán sombras de un recuerdo retorcido,
Que, al llegar en la mañana, será inerte.

Copyright, © 2010. Lic. José Alberto Grullón.