Mi sombra ocultó la suya en solo tres horas. No hicieron falta milagros ni fanfarrias engañosas para dar paso a ese momento. No hicieron falta las palabras, tan irrelevantes allí como lo era la oscuridad. Fue el abrazo tardío de la noche.Fue como el crepitar encantado del fuego en la chimenea de algún país escandinavo. Fue recordar los amores de diciembre con David Summers y Modestia Aparte en los oídos, al paso tranquilo de las andanzas por las calles de Madrid.
Esas palabras no surgieron. No hacían falta. Alterarían el orden de ese extraño universo que en cuestión de segundos había sido formado. Extraño, porque en la magia de un beso pudo borrar todo destello del pasado. Eran los primeros días de noviembre. No queríamos partir.