Noche ítala


Tercas son tus razones
en las noches, por la playa.
Andas descalza,
viviendo ilusiones.
Hundes tus temores
en la arena blanca.
Tus ojos; la luna… mil canciones.

La mirada escondes
con estrellas soñolientas.
Suave cosa pasajera.
Beldad inconforme
con aquellos horizontes
confundidos; sin idea,
esperando solamente amor de un hombre.

“Questa notte. Questo cielo.”
¡Oh, mujer, si me amaras,
cada día te regalara
ese cielo que es tu anhelo!
Presumir cosas no quiero:
solo sé, que mientras callas,
¡en tu silencio te quiero!

4 de noviembre 2011

Mi sombra ocultó la suya en solo tres horas. No hicieron falta milagros ni fanfarrias engañosas para dar paso a ese momento. No hicieron falta las palabras, tan irrelevantes allí como lo era la oscuridad. Fue el abrazo tardío de la noche.Fue como el crepitar encantado del fuego en la chimenea de algún país escandinavo. Fue recordar los amores de diciembre con David Summers y Modestia Aparte en los oídos, al paso tranquilo de las andanzas por las calles de Madrid.

Esas palabras no surgieron. No hacían falta. Alterarían el orden de ese extraño universo que en cuestión de segundos había sido formado. Extraño, porque en la magia de un beso pudo borrar todo destello del pasado. Eran los primeros días de noviembre. No queríamos partir.

La muerte no huele

La muerte no huele; se palpa.
Se sienta invisible en su trono azul.
La muerte no grita; calla,
y lleva en oculto mortal arcabuz.

Sus manos de hielo, su cara,
su aliento que no puede ser percibido,
su historia guerrera, sus batallas,
señalan al hombre el final del camino.

La muerte es sincera: honrada,
no lleva a destiempo a quien no debe ir.
Aún sin saberlo, marca
la senda trazada al dejar de existir.

La muerte no huele; se palpa
cuando quiere besar lo que vive aún.
En la noche se oculta; esconde sus armas
y es, simplemente, oscura y sin luz.

Aunque las sombras se hayan dormido

Autor desconocido

Aunque las sombras se hayan dormido
sobre el polvo del pavimento,
y aunque el tiempo se haya mecido
con cada vez que sale el aliento,
no hay potestad que llene el vacío
de ese pasado y esos momentos.
Ahora, reinando en el extravío,
nada ha podido manchar tus besos.
Nada ha podido mostrarme el filo
que corta la calma; que mata el tiempo;
que todo quiera tener contigo;
que nada quiera al estar tan lejos.
Musas y trovas; melódico olvido;
quieren hacerse presente y ciertos,
aunque las sombras se hayan dormido
y aunque tú sigas como ese fuego;
es una calma que ruge: un grito
que rasga la noche y que parte el cielo,
cuando mis venas se hicieron ríos
que tu nombre llevaron, llenándome dentro.
De esos amores que llevan siglos,
que solo quedaron mirando el viento,
aunque las sombras se hayan dormido,
quieren sentir lo que en ti yo siento.

Copyright ©, 2011. Lic. José A. Grullón.

Insignificante existencia

Fotografía de Jeremy Taylor.

Penetraste la oscuridad con tu luz,
aún débil e insignificante.
Tan poco eras tú;
tan ínfimo;
tan nada.
Aún así te hiciste mostrar:
Los vientos de tu esperanza;
las colinas de tu experiencia;
los valles de tu paz;
las playas de tus amores;
los bosques de tu extravío,
porque no eras más.
Quizás fuiste un sueño
desesperado e inconcluso:
algún cuento maldito
que no llegó a su final.
O quizás, solo noche,
cayendo vencida
con el primer rayo del sol.
¿Tu amanecer?
Una mirada.
Y tu anochecer,
beso silente,
callando desvaríos
para solo despertar.
Una mañana más
sin razón de existir.
Otra alba perdida
en las alas de la paciencia.
Así eras tú:
bohemia incoherencia;
tiempo perdido en palabras
que callan con tu sonrisa.

Copyright ©, 2011. Lic. José A. Grullón.

Me obligo a creer que existes

Me obligo a creer que existes,
como confundiendo al viento.
Me obligo a creer que vives,
y todos a tu lado han muerto.

Por eso, cuando ya se visten
tus pantanos con el cruel veneno,
no es sino absurdo chiste
el pensar que sería eterno.

¡Ah, traición! La palabra queda:
y ese “para siempre” lisonjero,
resulta ser una tonta sentencia,
tratando de creer que ya no te quiero.

Y aún así, creo que existes;
y más aún, así lo siento,
porque aunque ya te fuiste,
aún te espero: no lo niego.

Cae la lluvia

La lluvia cae
como queriendo inundar la existencia
de alguna nostalgia antigua,
tocando apenas con sus bordes
la profundidad de lo que desconoce.
Neblina.
Arropa en su frío incongruente
las desdichas de su olvido,
y entonces
sigue lloviendo,
y cae la lluvia
como queriendo dejar un testamento
sobre la mesa,
sin otro heredero que quien la contempla silente.
No hay palabra para vencer
la beldad invasora de su paso.
No hay palabra,
ni sueño,
ni equipaje:
solo lluvia
como queriendo inundar la existencia
de alguna nostalgia antigua.

Copyright, © 2011. Lic. José A. Grullón.

El sentimiento guía

Eliminamos las fronteras invisibles
y quedamos con el necio corazón
que busca a tientas razones irrisibles,
al gritar solamente: “¡Amor! ¡Amor!”
No, no hay otra posible razón.
Ha perdido el juicio, y de nada sirve
el consejo que le haga a él volver.
Si el sentimiento guía, la razón es chiste:
¡Tiempo perdido y lo has de saber!

Copyright ©, 2011. Lic. José A. Grullón.